Hace unos meses me enteré de la existencia de una reciente Tesis Doctoral dedicada al estudio de la represión franquista en la Universidad española en los años de la dura represión de la posguerra (1939-1945). Su autor es Jaume Claret Miranda, profesor asociado de Historia Contemporánea de la Universitat Pompeu Fabra, y la investigación fue dirigida por Josep Fontana, Catedrático emérito de la misma Universidad, y uno de los mejores historiadores de nuestro país. La existencia de aquella Tesis, que había sido defendida en 2004, me llegó a través de las páginas del diario El País. Hace unos meses ha sido publicada por Crítica y el sábado pasado se publicó en el diario madrileño una excelente reseña de la obra. Tomé entonces conciencia de que había llegado el momento de hacerme con el libro y, casualmente, este lunes estaba esperando que lo rescatara de la estantería de novedades en la biblioteca de mi Facultad.El atroz desmoche: la destrucción de la Universidad española por el franquismo, 1936-1945 me parece una obra de lectura más que recomendable, y no sólo para los estudiantes y profesionales de la Historia. Cualquiera que haya tenido la fortuna de pasar por una univesridad en nuestro país debería leer este libro para poder reconocer cuántas miserias anidaron en ella en aquellos años, y cuántas de aquéllas aún perviven. Como dice Fontana en el excelente prólogo que ha realizado para este libro: "la universidad franquista no se renovó después de la transición y optó, para disimularlo, por callar y esconder su pasado".
En efecto, los grandes beneficiados de las depuraciones del profesorado universitario, de los exilios e incluso de los asesinatos, no fueron otros que los que habían jaleado a Franco y sus generales (o incluso habían combatido junto a él). Durante años se repartieron el pastel y vivieron como reyes en una dictadura cuyas universidades eran lúgubres espacios donde la inteligencia había huido, o había sido arrinconada. Sus nietos y bisnietos aún ocupan un buen número de cátedras en la universidad española, a pesar del alivio que supuso la LRU para la democratización del sistema universitario español.
El autor de este libro ha hecho un buen esfuerzo por explotar la rica información que ofrecen los archivos de las universidades españolas (aunque el de La Laguna no ha sido excesivamente generoso, como explica el propio autor en la introducción del libro). Pero, sobre todo, ha sabido aprovechar la ingente información que ofrece el Archivo General de la Administración. La obra es muy rica en datos e incluye casi cien páginas de notas con el aparato crítico (aunque eso sí, relegadas al final de la obra por el editor, para no asustar a los potenciales lectores que huyen de los libros con demasiadas notas a pie de página). El índice alfabético, muy detallado, es de gran utilidad para los lectores con prisas. Y aunque las ilustraciones del libro no son excesivamente abundantes, al menos están bien escogidas. La primera de ellas es la que he utilizado para ilustrar este artículo, porque creo que es una excelente metáfora de aquellos penosos tiempos. ¡Nunca más!.
En efecto, los grandes beneficiados de las depuraciones del profesorado universitario, de los exilios e incluso de los asesinatos, no fueron otros que los que habían jaleado a Franco y sus generales (o incluso habían combatido junto a él). Durante años se repartieron el pastel y vivieron como reyes en una dictadura cuyas universidades eran lúgubres espacios donde la inteligencia había huido, o había sido arrinconada. Sus nietos y bisnietos aún ocupan un buen número de cátedras en la universidad española, a pesar del alivio que supuso la LRU para la democratización del sistema universitario español.
El autor de este libro ha hecho un buen esfuerzo por explotar la rica información que ofrecen los archivos de las universidades españolas (aunque el de La Laguna no ha sido excesivamente generoso, como explica el propio autor en la introducción del libro). Pero, sobre todo, ha sabido aprovechar la ingente información que ofrece el Archivo General de la Administración. La obra es muy rica en datos e incluye casi cien páginas de notas con el aparato crítico (aunque eso sí, relegadas al final de la obra por el editor, para no asustar a los potenciales lectores que huyen de los libros con demasiadas notas a pie de página). El índice alfabético, muy detallado, es de gran utilidad para los lectores con prisas. Y aunque las ilustraciones del libro no son excesivamente abundantes, al menos están bien escogidas. La primera de ellas es la que he utilizado para ilustrar este artículo, porque creo que es una excelente metáfora de aquellos penosos tiempos. ¡Nunca más!.