La noticia saltaba a las ediciones electrónicas de los periódicos locales el pasado martes, y a sus ediciones impresas el miércoles: cuatro profesores universitarios de Lengua Española, que estaban en Tenerife como miembros de un tribunal de un concurso oposición de unas pruebas de Habilitación Nacional, habían sido insultados y golpedaos por dos jóvenes, que les increparon por “hablar godo”. Los detalles de este lamentable suceso fueron recogidos en el blog Ethica more cybernetica , con los enlaces a las noticias publicadas en las ediciones electrónicas de La Opinión de Tenerife y Canarias 7. El post de Teresa y los sucesivos comentarios muestran la preocupación de un hecho que, según han manifestado algunos profesores de ambas universidades canarias, particularmente aquellos que están en la política activa o aspiran a entrar en ella en breve, son “hechos aislados”.
En mi opinión, esta agresión quizá podría considerarse un hecho aislado, toda vez que desconocemos que en el pasado se haya golpeado a alguien por hablar godo, siquiera por serlo. Pero no es un hecho descontextualizado, ya que el contexto en el que podemos situar este “hecho aislado” es bien conocido. El contexto no es otro que el de nuestra sociedad actual, particularmente la canaria, en la que algunos políticos y los medios que los jalean, llevan mucho tiempo cargando las tintas en destacar lo que nos diferencia de “los otros”, antes de detenerse a analizar lo que nos une. Esos “otros” contra los que se nos intenta predisponer pueden ser desde los subsaharianos que arriban a nuestras costas, los marroquíes que trabajan en nuestros invernaderos, los “godos” que viven en nuestras islas o, ya puestos, los de la isla de enfrente (canariones o chicharreros, según desde dónde se mire).

En medio de este contexto al que asistimos impasibles la mayoría de los ciudadanos de bien, dos descerebrados le parten la cara a un catedrático de Lengua Española de la ULPGC por “hablar godo”. Y cuando digo que le han partido la cara no es por cargar las tintas, sino por expresar lo que verdaderamente ha sucedido, ya que nuestro querido Maximiano Trapero tendrá que pasar por el quirófano, si no quiere que en su rostro le queden secuelas de esta brutal agresión. Y a todas estas, ¿Seguirán con la misma estrategia esos políticos que han hecho de la “defensa de lo nuestro” la bandera con la que se arropan un día sí y otro también? ¿Y las universidades canarias van a hacer algo? ¿Y los profesores universitarios, ya sean de Lengua Española o de Ingeniería del cultivo del bubango?. Este tipo de silencios me recuerdan aquellas palabras de Bertolt Brecht: “... Después vinieron a por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí”.