Cuando el aire corre en la torre de marfil
Es conocido el tópico de que los universitarios consideramos nuestras universidades como una torre de marfil, en la que nos sumergimos en nuestra actividad diaria, aislándonos de la sociedad. Aunque esta metáfora es cierta en parte, sobre todo en lo que se refiere al hecho de que muchas universidades viven de espaldas a la sociedad que las mantiene vivas, quienes trabajamos en las universidades sabemos que nuestras instituciones no son más que un reflejo de nuestra sociedad. Más aún, habida cuenta del interés de la clase política por hacer de las universidades una extensión de su poder, éstas corren el grave riesgo de verse navegando en aguas en las que pueden zozobrar, sobre todo si son timoneadas por personas que se mueven por intereses bien distintos a los que se supone que debieran impulsarles.Viene esto a cuento de la noticia publicada en el diario El País el pasado jueves, dos páginas enteras dedicadas a poner sobre la mesa los encandalosos manejos del que fuera gerente de la Universidad Complutense durante el mandato del rector Rafael Puyol (1995-2003). A quienes no estén bien informados de los precedentes informativos de la noticia, que en su momento fueron divulgados por la cadena SER y otros medios, recomiendo que lean la versión íntegra de la noticia (disponible aquí y aquí). Es una lástima que una institución del prestigio de la Universidad Complutense (sin lugar a dudas, una de las mejores universidades españolas), vea arrastrado su nombre por las actividades de aquellos que utilizan estas instituciones como sucursales del poder político de turno o como trampolines hacia su carrera política. Anoto aquí para quienes no lo sepan, que el tal Dionisio Ramos fue aupado a la vicegerencia de la UCM por el rector Gustavo Villapalos (1988-1995), quien, por cierto, saltó del cargo de rector al de consejero de Educación de la Comunidad de Madrid, de la mano del Partido Popular.
No está de más recordar que este escándalo, cuyas consecuencias políticas (y penales) están aún por ver, no se habría producido si no llega a ser porque el catedrático Carlos Berzosa logró ganar en unas reñidas elecciones a Teodoro González Ballesteros. El primero, arropado por los sectores más progresistas del profesorado, el PAS y los estudiantes, era la alternativa al continuismo que personificaba González Ballesteros. Detrás de este último, que se autoidentificaba como “de centro, independiente y liberal”, estaban quienes habían apoyado a los rectores Villapalos y Puyol, y miraban con recelo cualquier atisbo de cambio en la UCM. Como señalaba el diario El País unas semanas antes del inicio de aquellos comicios, que, por cierto, se desarrollaron casi a la par que las elecciones municipales y autonómicas de 2003, era vox populi que el candidato González Ballesteros estaba apoyado “por el actual gerente general, Dionisio Ramos, del que se comenta que en los últimos tiempos había ganado poder en detrimento del propio rector Puyol y quien controla los colegios mayores y una parte del PAS”. Cuán distinta habría sido la historia si Carlos Berzosa, arropado por los votantes de izquierda de la Universidad Complutense, deseosos de que corrieran aires nuevos en su institución, no llega a vencer aquellas elecciones de mayo de 2003. Y cuán distinta habría sido, igualmente, de no haber perdido el PP las elecciones generales del 14-M, un año más tarde.
No está de más recordar que este escándalo, cuyas consecuencias políticas (y penales) están aún por ver, no se habría producido si no llega a ser porque el catedrático Carlos Berzosa logró ganar en unas reñidas elecciones a Teodoro González Ballesteros. El primero, arropado por los sectores más progresistas del profesorado, el PAS y los estudiantes, era la alternativa al continuismo que personificaba González Ballesteros. Detrás de este último, que se autoidentificaba como “de centro, independiente y liberal”, estaban quienes habían apoyado a los rectores Villapalos y Puyol, y miraban con recelo cualquier atisbo de cambio en la UCM. Como señalaba el diario El País unas semanas antes del inicio de aquellos comicios, que, por cierto, se desarrollaron casi a la par que las elecciones municipales y autonómicas de 2003, era vox populi que el candidato González Ballesteros estaba apoyado “por el actual gerente general, Dionisio Ramos, del que se comenta que en los últimos tiempos había ganado poder en detrimento del propio rector Puyol y quien controla los colegios mayores y una parte del PAS”. Cuán distinta habría sido la historia si Carlos Berzosa, arropado por los votantes de izquierda de la Universidad Complutense, deseosos de que corrieran aires nuevos en su institución, no llega a vencer aquellas elecciones de mayo de 2003. Y cuán distinta habría sido, igualmente, de no haber perdido el PP las elecciones generales del 14-M, un año más tarde.



